Ángela Arroyo, historia de una donación

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En el Día Nacional del Donante, Ángela, vecina de Fuente Palmera, ha querido compartir con todos los lectores de este periódico sus recuerdos del día en que recibió la llamada de su primer donante. Un testimonio que nos debe hacer reflexionar a tod@s bajo un mensaje rotundo y esperanzador: HAZTE DONANTE Y REGALA VIDA.

donanteangela1«Era viernes, 25 de enero de 2013…cinco y media de la tarde, una fría tarde de invierno.

Hacía varias semanas -tras un largo ingreso en el hospital por agravamiento repentino de mi enfermedad hepática y tras muchas pruebas y tratamientos que no funcionaron-, los médicos me comunicaron que necesitaba un trasplante urgente de hígado. Desde entonces mi vida, mi debilidad y mi miedo, transcurrían al calor de la mesa camilla y el brasero: «Tienes que estar muy tranquila durante la espera, y cuidarte mucho para no resfriarte ni tener fiebre…», me dijeron al mandarme a mi casa.

Y encima de la mesa, siempre a mi lado, mi Blackberry, ese móvil, inseparable compañero de trabajo que hasta hacía apenas un mes hervía de actividad laboral, y ahora sólo esperaba una llamada…

Y llegó.

«1, 2, 3, 4…». Yo contaba los números a mi sobrino pequeño que, con 4 añitos ya aprendía las cuentas. Él y mis otros tres sobrin@s, eran mi luz en esos días. 

Y el móvil sonó, y lo miré, y vi un número muy largo en la pantalla…, y mi corazón se aceleró y llamé a mi madre que estaba en la cocina, y lo descolgué…

«Hola Mª Ángeles, soy el Dr. Montero, ¿sabes por qué te llamo?

donanteangela2¿Por qué, doctor?

Hay un posible hígado para ti, ¿sabes lo que tienes que hacer?

Sí, lo tenía bien aprendido. Sí -le dije al doctor-: no comer y ducharme con ese producto que me dieron.

¿A qué hora puedes estar aquí en Reina Sofía? ¿Cuánto tiempo de trayecto tienes desde tu pueblo?

Una hora aproximadamente, doctor.

Entonces te espero a las siete y cuarto», me dijo con voz amiga pero solemne.

«¿Qué pasa?», preguntó mi madre oyéndome hablar.

«Ya ha llegado», le dije. «Llama a la hermana que nos vamos al hospital».

Noté su preocupación, vi mucho miedo en su cara…pero en ese momento, yo dejé de pensar. Y como un autómata, sin escuchar ni ver nada de lo que ocurría a mi alrededor, me fui a duchar, una ducha a conciencia sabiendo que era un primer paso para lo que venía… y cuando volvía a pensar, me encontré subiendo al coche.

«Detrás», dije a mi hermana. «Quiero ir detrás». Y durante el trayecto ese fue un rincón de intimidad. Me aislé de todo y sólo pensé en llamar uno a uno a mis sobrinos y a personas muy queridas por mí. Quería oír su voz, y decirle que los vería muy pronto, y que los quería mucho…

Y al llegar al hospital, allí estaban todos, esperando en la puerta, y entré rodeada de mucho amor de mi gente, de mi madre -la gran sufridora-, mi hermano, mis hermanas, mi sobrina mayor que corrió desde Sevilla para estar conmigo en este momento, cuñados, amigos de corazón…todos estaban allí.

Y entre prueba y prueba, abrazos, muchos abrazos, con sabor agridulce, amargo de despedida y esperanzador de vida nueva; y besos, muchos besos, entre lágrimas de miedo y de emoción contenida.

Y entonces…el quirófano. Allí llegué, recargada de ánimo y fuerza interior, y esa luz blanca potente, deslumbrante, me invitó, irremediablemente, a soltarme y dejarme caer por el oscuro túnel, el tortuoso camino de la esperanza, del que no sabía si saldría.

donanteangela3Y salí. Fue un túnel largo, muy largo y muy oscuro, tanto que durante el trayecto, una nueva llamada, esta vez sí, me salvó la vida.

Y hoy, cuatro años y medio después de ese momento, continúo en el camino de la vida, sin olvidar ni un solo momento que yo puedo seguir viviendo gracias a dos Donantes.

GRACIAS INFINITAS A TODOS LOS QUE DICEN SÍ A LA DONACIÓN!!!

Hazte Donante y Regala Vida. Recuerda que todos podemos necesitar un trasplante. 

 

 

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