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Hermandad del Nazareno: un siglo de legado, devoción y tradición nazarena

Fuente Palmera
Cofrades, párrocos y autoridades municipales
La Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Fuente Palmera ha celebrado este jueves, día de la Transfiguración del Señor, sus cien años de vida con una solemne eucaristía y la promulgación de un pregón extraordinario a cargo del historiador y cronista del municipio, Manuel García Reyes.

La imagen del Nazareno ya luce la Medalla de La Colonia, impuesta por el alcalde, Francisco Javier Ruiz, y por el párroco, Miguel Ramírez, acompañados por el hermano mayor de la Hermandad, Antonio Garrido. Este fue el otro gran momento de la conmemoración que quedará en la retina de los asistentes.

Una medalla que fue otorgada a la Hermandad con motivo de su centenario el pasado 5 de julio en el acto institucional de los Colonos del Año, y que ahora la junta de gobierno de la cofradía ha tenido a bien que la lleve su imagen titular.

La misa estuvo oficiada por Miguel Ramírez, acompañado por Juan Yersin Méndez y por el párroco colono, Leopoldo Rivero. Entre las autoridades municipales se encontraban también el concejal, Quique González, y las concejalas, Laura Sánchez e Inés Mengual. Asimismo, asistieron representantes de hermandades colonas.

Al término de la eucaristía, Manuel Jiménez presentó el acto de imposición de medallas de la Hermandad del Nazareno a siete nuevos hermanos y hermanas, tras lo cual intervino Antonio Garrido con un discurso donde recordó especialmente a los fundadores, aquellos «hombres con manos curtidas, humildes y obreros del viejo barrio de El Tejar».

El hermano mayor dio paso a la mencionada imposición de la Medalla al Nazareno y luego fue Lorenzo Mayén quien invitó a subir al atril a Francisco García Reyes para que presentara a su hermano y pregonero. Se cambiaban los papeles respecto al pregón de la pasada Semana Santa.

Manuel García Reyes, en calidad de cronista oficial, historiador y hermano del Nazareno, basó lógicamente su pregón en la historia de la Hermandad, pero también en la de la propia Colonia y cómo el Fuero de las Nuevas Poblaciones moldeó la relación de los colonos con la Iglesia. Asimismo, apuntó el nombre de las primeras cofradías que existieron en el municipio.

El Fuero prohibía el establecimiento de monasterios, conventos, colegios y cualquier organización religiosa, ni aun a título de hospicio, orfanato o institución de caridad. El alimento espiritual de los colonos debía mantenerse exclusivamente en las iglesias y capillas que se fundaron, y con los curas y capellanes que las atendían; en nuestro caso, Fuente Palmera y las capillas de Fuente Carreteros y La Herrería.

Aun así, la relación de los colonos con la Iglesia, especialmente en los primeros años, dependía del criterio de las autoridades de la Colonia, del Comandante Civil y de los Inspectores de los departamentos. Podían asistir a misa los domingos y fiestas de guardar, siendo conscientes de que esto era un premio para aquellos que cumplían con el trabajo asignado en las tandas de desmonte de la tierra y tenían buena conducta, explicó García Reyes.

Primeras cofradías

En 1796 se tiene constancia de la primera en Fuente Palmera: la Hermandad de las Benditas Ánimas, de la que era Hermano Mayor Antonio de Peña y que estaba integrada por la mayor parte de los vecinos del núcleo central. Su actividad principal consistía en la celebración de la novena de Ánimas durante las noches de los primeros días de noviembre.

Posteriormente, una estadística de las parroquias de la Diócesis de Sevilla del año 1911 nos rescata el estado y la existencia de las corporaciones, todas de condición canónica, que eran las de: Benditas Ánimas del Purgatorio, de Fuente Palmera; Hijas de María, de Fuente Palmera; Virgen de Guadalupe, de Fuente Carreteros; Nuestra Señora del Carmen, de Ochavillo del Río; y Nuestra Señora de la Concepción, de La Herrería.

Cree el cronista oficial tras sus investigaciones que la gran devoción al Nazareno se fue forjando a lo largo del siglo XIX y principios del XX con la fe profunda que reafirmaron nuevos colonos, durante este tiempo, provenientes de localidades de inmenso fervor y veneración, tales como Fernán Núñez, La Rambla, Montalbán, Posadas, Marchena o Écija.

Fundación de la Hermandad del Nazareno

«Fue en el año 1926, cuando el anhelo de unos pocos hombres y mujeres se hizo hermandad. Nacía la primera Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, tal día como hoy, un 6 de agosto de 1926, destinada a dar cobijo a la gran devoción que hacia Él sentían los colonos», indicó el pregonero.

«Nada conocemos, por ahora, sobre su primera imagen, que salía en procesión y que fue destruida en los desdichados acontecimientos de 1936. Posiblemente —aunque no tenemos certezas—, la hermandad se constituyó antes de tener una imagen propia para su devoción. No existe un Nazareno en los inventarios parroquiales que poseemos del siglo XIX ni de las primeras décadas del siglo XX».

Prosigue Manuel García Reyes que «es muy probable que el Nazareno llegara de la mano de la recién creada corporación, de su primer Hermano Mayor, Juan Jurado, y bajo el patrocinio y el impulso de Don Laureano Pérez Damián, el gran cura párroco del siglo XX que tanto contribuyó a modelar el alma espiritual de nuestro pueblo».

Según los testimonios de familiares de Antonio Garrido, en concreto de su abuelo Santiago Mohedano que fue uno de los fundadores, la procesión en los inicios era de una gran solemnidad y estaba acompañada por las figuras de la Pasión. Al salir de la iglesia, una joven, encarnando a la Santa Verónica, subía a las andas del Nazareno, limpiaba su rostro y se volvía a los asistentes para mostrar el paño sagrado.

El cortejo iba escoltado por dos lanceros romanos a caballo que cruzaban sus lanzas, una vez llegada la procesión a la plaza, gesto al que llamaban “el Beso” y que simbolizaba el «Encuentro» entre la Madre y su Hijo, la Virgen y el Señor en su camino al Calvario.

«Pocos años duró aquel primer idilio de devoción, hasta que el amargo destino de la historia, y el fuego de la Guerra Civil nos arrebataron la primitiva imagen titular. La iglesia se quedó en silencio; el Viernes Santo, vacío. Pero la fe de la Colonia no arde con el fuego de los hombres. La devoción permaneció intacta entre las cenizas».

«Y a nuestro camino, impulsada por hombres de manos curtidas, humildes y obreras del barrio —como las de José Caraballo, «Pepe el Tejarero», Santiago Mohedano, Juan Reyes Ostos, que sería su Hermano Mayor, y tantos otros—, llegó una nueva imagen, en los años cuarenta, gracias a la generosidad y al corazón inmenso de Doña Elena Herrera Gamero, movida por su amor a esta hermandad y a su pueblo. El Nazareno volvía a habitar entre nosotros».

El camino de la Hermandad nunca ha sido sencillo. Nuevamente, en los años sesenta decayó. En silencio, se extinguió lentamente… Pero con Adolfo Lorite Martín a la cabeza de los hermanos devotos de nuestro pueblo, a pesar de la resistencia con la que contaban, la imagen del Nazareno recorría humildemente nuestras calles cada madrugada y cada tarde del Viernes Santo.

A principios de los setenta la hermandad resurgió. Franco Rodríguez Romero, como Hermano Mayor, y un grupo de personas entre las que estaban Andrés Bolancé, Rafael Delgado, Pepe Carrasco, Pepe Vidal o José Rubiales, la refundaron junto a la banda de cornetas y tambores que dirigió Antonio Mohedano.

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Han sido innumerables los hermanos que, a lo largo del tiempo, han dedicado su esfuerzo a la Hermandad, con posterioridad, Manolín Lorite, Antonio Quero, Antonio Moyano, y Mari Carmen Reyes, como Hermanos Mayores, los capataces Antonio Fernández Díaz, Rubi, Antonio Romero López, y Francisco Sánchez junto a decenas de costaleros y a la banda de música con Fernando Pistón Lorite como excelente director, afirmó el pregonero.

Desde entonces, primero en la madrugada del Viernes Santo y ahora cada Jueves Santo, cuando el sol se esconde y el aire huele a cera y azahar, Jesús Nazareno cruza el dintel del templo. Cien años después de aquella primera fundación, la hermandad no ha dejado de desarrollarse, de crecer en caridad, de hermanar generaciones y de recordar que somos custodios de un tesoro centenario que supera cualquier tempestad.

Por último, deseó que el centenario «no sea solo un hito en el calendario, sino que, como un nuevo comienzo, nos dé raíces y fortaleza, para afrontar el futuro, preservar el gran legado de la Hermandad y que cada Jueves Santo el Nazareno guíe a Fuente Palmera por otros cien años más de devoción y de esperanza».

Tanto Manuel García Reyes -que se ha comprometido a seguir investigando sobre la historia de la Hermandad-, como su hermano Francisco, recibieron sendos obsequios por parte de la cofradía nazarena.

  

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